Muchas gracias por visitar mi blog. Este espacio está destinado a mis discurrimientos sobre temas de Dios y de la religión que Él mismo vino a fundar, personalmente: el cristianismo. De ninguna manera pretendo ser infalible en mis opiniones ni omnisciente en mis interpretaciones. Cualquier tipo de comentario, ya sea crítica, corrección o apoyo, es bienvenido; siempre y cuando sea cortés y respetuoso.

Thursday, December 16, 2010

De la Naturaleza de Dios

De acuerdo con el Concilio Vaticano I, en la sección llamada Sobre Dios creador de todas las cosas:
  1. Si alguno negare al único Dios verdadero, creador y señor de las cosas visibles e invisibles: sea anatema.
  2. Si alguno fuere tan osado como para afirmar que no existe nada fuera de la materia: sea anatema.
  3. Si alguno dijere que es una sola y la misma la substancia o esencia de Dios y la de todas las cosas: sea anatema.
  4. Si alguno dijere que las cosas finitas, corpóreas o espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la substancia divina; o que la esencia divina, por la manifestación y evolución de sí misma se transforma en todas las cosas; o, finalmente, que Dios es un ser universal e indefinido que, determinándose a sí mismo, establece la totalidad de las cosas, distinguidas en géneros, especies e individuos: sea anatema.
  5. Si alguno no confesare que el mundo y todas las cosas que contiene, espirituales y materiales, fueron producidas de la nada por Dios de acuerdo a la totalidad de su substancia; o sostuviere que Dios no creó por su voluntad libre de toda necesidad, sino con la misma necesidad con que se ama a sí mismo; o negare que el mundo fue creado para gloria de Dios: sea anatema.
De un solo plumazo, el concilio descuenta el politeísmo, el panteísmo (incluyendo el new age), y, por supuesto, el ateísmo y el agnosticismo. Pero bien, ¿qué es Dios, de qué está hecho, y cuál es su naturaleza? De estas cosas sabemos poco, pero lo que sí sabemos es lo siguiente:

Dios no está hecho de nada. Nuestra profesión de fe, proveniente de la Biblia desde su primer versículo y reafirmada por todos los profetas y concilios, reza que Dios es el creador de todo. Dios no es creado ni tiene origen fuera de sí mismo.

También sabemos que Dios es uno. Obviamente los primeros hombres lo sabían bien: Adán y Eva lo conocieron y pasaron ese conocimiento a través de la tradición oral, pero se fue perdiendo. Sabemos que Noé andaba con Dios (Gn. 6:9). Sin embargo, ya para la época de Moisés, mucho se había perdido y se tuvo qué empezar la revelación de nuevo con una teofanía (Gn. 3); Dios ahí se presenta con Moises, con un nombre sencillo que nuestras pobres mentes pueden entender, y se da a conocer inicialmente como el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob (Gn. 3:6) y como el que Es (Gn. 3:13-15). Siendo la gente politeísta, Dios se presenta primero como el Dios que existe, y luego pide al pueblo que no tenga ningún dios que no sea Yahveh (Ex. 20:2,3). Ya más adelante se encargará de demostrar que los dioses extranjeros que son de piedra, de oro y de madera, no ven, ni oyen, ni responden porque no existen (e.g. 1R 18:20-40), de tal suerte que más adelante se le conozca como el único Dios verdadero (Jn. 17:3) y el Dios vivo (Mt. 16:16).  He de hacer una diferencia aquí entre los dioses inventados y los demonios adorados como dioses, pero el resultado es el mismo: La naturaleza divina es única, y sólo Yahveh, el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel la posee.

Además, Dios es eterno. Esto se puede probar de muchas maneras, la mayoría de ellas poco más o menos ortogonales. Exploraremos algunas.
  • Dios es Yahveh*, el que Es, aunque también este nombre se ha traducido como el que será, o el que hace ser. De ahí que también sea el Alfa y la Omega, el Todopoderoso, el Principio y el Fin, y el Primero y el Último (Ap. 1:8; 22:13). Aunque de primera vista el nombre que de sí dio Dios a Moisés pueda más bien parecer una respuesta evasiva, en realidad es muy profundo y representa una de las principales rendijas que tenemos para vislumbrar algo de su naturaleza: Dios es el Ser mismo, y el único que puede hacer ser. No sólo creó Dios todo (Gn. 1:1), sino que es gracias a Él, que todo lo que existe permanece existiendo. Por definición y por revelación divina, Dios Es, y no puede dejar de ser.
  • Dios es el Principio y el Fin de todas las cosas. Todo fue creado por él y a través de él, y es por él y a través de él que todo continúa existiendo. Si Dios es el principio de todo, Dios no puede tener principio fuera de Él, porque caemos en una paradoja.
  • Precisamente porque Dios es el creador de todas las cosas, y siendo Dios el que mantiene las cosas en existencia, sería impensable pretender que alguna criatura pudiera tener la capacidad de quitar el ser al que no solo le mantiene en la existencia, sino que también mantiene el espacio y el tiempo en el que dicha criatura existe y le da de manera activa todas las facultades que posee.
  • Siendo Dios el creador de todo, también es creador del tiempo y del espacio. Esto significa que Dios se encuentra fuera del tiempo y del espacio. Si Dios no está contenido por el tiempo ni por el espacio, entonces es eterno e infinito.

Dios es infinito. Lo que es más, Dios no tiene dimensiones, ni tiene partes, ni tiene divisiones ni piezas funcionales que tengan un propósito o mecanismo. Esto se deriva de que Dios, como creador que es del espacio, no está contenido por él ni limitado por nuestros rudimentarios conceptos de distancias y dimensiones. Si no lo puedes medir, no lo puedes dividir. Si no se puede dividir, no puede tener partes, ni mucho menos órganos o mecanismos.

Dios es omnipresente. Dios está en todos lados, pero al mismo tiempo no está en ninguno. Si la Iglesia nos enseña que "Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar", se debe, más bien, a que el espacio-tiempo y todo lo que éste contiene están en Dios, en la medida en la que Dios los mantiene en la existencia y les da vida. Por lo tanto, de alguna manera Dios llena todo el espacio y el tiempo con su naturaleza, pero sin ocuparlos.

Dios es omnisciente. Si Dios mantiene la existencia de todo, sabe todo lo que ocurre en todo lugar y en todo tiempo. Y como Dios no está contenido en el tiempo, es un conocimiento perpetuo de todo lo que ha ocurrido y ocurrirá. En otras palabras, el tiempo es una ilusión que nos afecta solamente a los que estamos en él. Por eso, Dios mismo dice que él sabe todo lo que va a ocurrir antes de que ocurra (Is. 46:10, Jr. 4:5).

Dios es trino. Este es material para otra ocasión, pero brevemente mencionaré que, a lo largo de toda la historia de la revelación, Dios siempre se ha presentado como tres personas a los hombres. No debemos pensar en el término tradicional de persona como un individuo independiente, puesto que ésto significaría que hay tres Dioses. Tampoco hay qué confundirlo con esquizofrenia o personalidad múltiple, que son enfermedades propias de los humanos. Son tres entendimientos, tres memorias y tres voluntades independientes, que interactúan entre sí y con la creación, y que emanan de la misma y única naturaleza divina. Además están en perfecta armonía.  Son el Padre, el Hijo (o Verbo) y el Espiritu Santo.

Pues bien, que el Dios Todopoderoso y Eterno; el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel; el señor Yahveh; el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, nos bendiga y nos ilumine siempre. Que nos permita vislumbrar el camino que lleva a él, que es nuestro fin y verdadero propósito. Y que nos permita caminar por este camino escabroso sin caernos, en este mundo fangoso sin ensuciarnos, y en este mundo de obscuridad sin perdernos. Amén.



*Jehová es un anglicismo. Ciertas personas angloparlantes piensan que Jehova (pronunciado Lli-HOU-va) es el nombre que Dios le dio a Moisés cuando se le presentó. Sin embargo, Jehová es una interpretación inadecuada del tetragramatón JHVH. En latín antiguo carece de ciertas letras que más tarde fueron agregadas, como la J, la W, la Y y la G. La J fue de las últimas que se agregaron. Anteriormente, la letra I se utilizaba para el sonido vocálico (e.g. Ipso) y para el consonántico (e.g. Iustus). Existen muchas formas de escribir ese tetragramatón en latín:


IHVH
JHVH
YHVH
YHWH

Lo que realmente importa, si uno quiere estar en lo correcto, es hacer una transliteración fiel del hebreo. Y hay dos corrientes: YHVH y YHWH. El nombre es Yahveh. En inglés se dice Yahweh (con sonido "U" consonántico) porque en los idiomas germánicos la W se utiliza en muchas ocasiones para el sonido "V" labiodental fuerte, pero en inglés perdió ese sonido y se pronuncia de otra forma. Como los judíos, especialmente los modernos, no pronuncian el nombre de Yahveh por sentirse indignos, por lo general lo substituyen con otros nombres, como Adonai (Mi Señor), y muchas veces incluso escriben las vocales de Adonai como si fueran las de YHWH (para animar al lector a decir Adonai en vez de Yahveh), y un traductor alemán del siglo XVI se confundió por esta costumbre y creó el nombre Jehová (http://www.jewfaq.org/name.htm). A final de cuentas, el nombre con el que nos hemos de referir al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es Yahveh (o Yahvé, o Yavé, si queremos escribirlo más fonéticamente); y, sin embargo, el nombre verdadero es completamente desconocido para nosotros (Ap 19:11-16).